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27 abril 2009

Simpáticas coincidencias.

Lecturas programadas desde principio de semestre:

Para historiografía de México IV: clases del 20 y 23 de abril, de Enrique Florescano, Origen y desarrollo de los problemas agrícolas de México, cap. IV "El funcionamiento del latifundio dentro de la estructura agraria de la Nueva España" que habla, entre otras cosas, de cómo las malas cosechas del maiz afectan a toda la sociedad novohispana: afecta el mercado, la gente se va de sus tierras por el hambre, crece el número de desempleados y las epidemias azotan a la gente desnutrida (principalmente).

Para la cátedra extraordinaria Revolución Mexicana: clase del 22 de abril, de Ariel Rodríguez Kuri, "Desabasto de agua y violencia política. [...]" que habla, bueno, de un desabasto de agua en 1922 que culminó en un motín del palacio municipal de la Ciudad de México.

Para Europa Moderna: clase del 29 de abril: Jean Delumeau, "Tipología de los comportamientos colectivos en tiempos de peste" en El miedo en occidente (siglos XIV-XVIII) [...] ... El título se explica por sí solo...

11 abril 2009

"mientras en la vida vulgar y corriente todo tendero sabe perfectamente distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra, por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que se figura ser". Karl Marx

14 marzo 2009

Correos, y más correos y más correos y más correos...

Entre los correos que me llegan distingo de los que me mandan a mí, Adriana, y los que le mandan a una cuenta de correo más, adriana@hotmail.com; así que los primeros los leo con cariño mientras que los segundos... bueno sólo cuando tengo tiempo y ánimos de leer cosas repetidas.

Gracias a esta medida que adopté desde hace 3 años apróximadamente, mi bandeja de entrada en hotmail llegó a la escalofriante cantidad de 982 correos NO LEIDOS. Decidí ponerle fin a esta situación y borrarlos, la mayoría sin leerlos.

Al correr de las páginas virtuales del buzón, llegué hasta correos no leidos de 2006 y siguiendo con la limpieza me encontré con viejos correos de viejos amores pasados que databan de 2003. Una tontería seguir conservándolos. También eché a la basura un montón de correos que me mandaron mis amigos y que por sentimentalista-fetichista conservé en la cuenta de correo. Algunos de ellos eran de personas que ya no están conmigo y otros de aquellos que aún me guardan un espacio en sus corazones. Pero da igual, todas ellas son letras añejas, borrosas y polvosas que no vale la pena guardar. En su lugar he buscado renovar los mensajes y buscar nuevas palabras de cariño y complicidad, si es que todavía existen.

Es necesario resplantearnos la utilidad de todos estas artimañas que usamos para conservar los recuerdos. Si después de un tiempo ya no tienen correspondencia con nuestra actualidad, entonces es necesario desecharlas. Por ejemplo, la fotografía y el texto del post pasado me recuerdan emociones que siguen vivas.

Me parece que los verdaderos recuerdos son mentales y emocionales. Todo lo que vale la pena recordar, lo que verdaderamente nos importa, es guardado por nuestra memoria interna, no sólo con palabras o imágenes sino con sentimientos y deseos [con esto, de ninguna manera, quiero referirme sólo a los "buenos recuerdos"]. Por ello no creo que exista medio físico o virtual alguno que pueda sustituir esa fuente natural de experiencias y emociones pasadas.

Esto, digamos, de manera individual, porque como historiadores [en proceso] debemos recurrir a esos medios, físicos o virtuales, para crear la memoria de la sociedad a la que pertenecemos. Pero esto es porque "la sociedad" (ese tramposo ente abstracto y ambiguo) no tiene la memoria natural a la que yo hago referencia. Hay que hacerla., formarla, imaginarla y acercarnos lo más posible a la realidad.

Pero aún aquí el proceso de reunir "recuerdos" es selectivo. En teoría sólo se recuperan aquellos conocimientos que, de alguna manera, nos proporcionen respuestas para explicar nuestro presente. El pasado que vale la pena recordar es aquel que está relacionado con el presente, aunque todo esté, en realidad, intrínsecamente relacionado. Digamos entonces que el pasado que recordamos es aquel cuya relación con el presente sea más obvia ante la limitada mente humana.

Vivir en el pasado por el pasado mismo no es, de ninguna manera, saludable.

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Como un apéndice añado esto el 18 de Marzo de 2009, pues creo que no quedaron muy claras mis ideas.

No digo de ninguna manera que nos olvidemos de los recuerdos (¿cómo sería eso posible?). Creo que nosotros somos memoria y experiencia, o sea, somos nuestro pasado. Con todo este chorizo que escribí quería decir que no todos los "recuerdos" materiales son útiles. Los que verdaderamente importan son aquellos que siguen manteniendo cierta emotividad con nuestro presente. ¿para qué guardar cartas que ya no tienen sentido? ¿para recordar los sentimientos? para eso no necesito conservarlas, me basta mi recuerdo. No niego esas bellas amistades y esos amores del pasado, pero ellos se quedan allá, en mi memoria.

Esto no fue romper con mi pasado de ninguna manera, pero realmente esas cartas si fueran de papel se llenarían de moho y nunca más las volvería a leer.

Esa actitud la he criticado desde hace tiempo: conservar que la basurita de la primera vez que salí con mi primer novio en la secu, que el recado de la libreta que me escribió mi amiguita de banca, que la etiqueta del primer brassiere que me compraron... ¡bah! Así se forman los "tiliches' rooms". No quiero cargar con todo eso en mi vida. Sólo conservo aquellos objetos que están directamente realcionados con mi presente.

14 diciembre 2008

La invención de América, el descubrimiento de masa cósimca.

Nota precautoria al lector: El siguiente post es de larga longitud y de contenido histórico-filosófico. Lea bajo su propio arbitrio. No se aceptan quejas relacionadas con la advertencias precedentes.

Retomaré el problema que hace algunos días comenté que surgió por un libro llamado La invención de América, de Edmundo O´Gorman. La idea central del libro está construida a partir de algunos supuestos epistemológicos que establecen que
las cosas no son en sí mismas, que no están dotadas desde siempre, para cualquier sujeto y en cualquier lugar, de un ser fijo, predeterminado e inalterable; sino que el ser de las cosas es algo que se les concede u otorga.
      Bajo esta concepción, se establece que América no fue descubierta por Cristóbal Colón en 1492, porque aquel archipiélago al que llegaron las carabelas, como tal no tenía el ser de América. Es decir, en la mentalidad occidental no podía existir una idea que se refiriera a América, como lo hizo después y lo hace hasta la fecha, porque ningún Europeo podía tener la más remota idea de que existía un continente separado de la masa euro-asiático-africana, especialmente Colón, quien murió pensando que había llegado al extremo oriente de Asia. Por esta razón, América no pudo ser descubierta.

       Entonces llegaron a un lugar sin ser. O’Gorman dice que es invención el proceso mediante el cual se otorgó de un ser a este pedazo de materia cósmica. Así que después de comprobar mediante un seguimiento lógico que la idea de descubrimiento era inadecuada y hasta a absurda para explicar el fenómeno de la aparición de América en el cosmos occidental, prosigue con una investigación histórica sobre el desarrollo de la idea de América, es decir, la historia de la invención de América.

       Mis conflictos mentales surgieron, más que nada, por el uso de términos. Cuando el Dr. O’Gorman descarta el concepto de descubrimiento lo hace porque dice que para que éste se lleve a cabo es necesario que exista una intención:
  1. En un momento se creyó que esta intención estaba en Cristóbal Colón, con plena conciencia y deseo de querer llegar a América, o a “unas tierras” que se encontraban más allá del océano Atlántico. Este conocimiento se le atribuye por deducciones del tipo científicas o porque “alguien” le dijo de la existencia de estas tierras. Se supo que murió creyendo que había llegado a Asia.

  2. Se pensó también que era Dios quien tenía la intención de que las embarcaciones llegaran a estas tierras para poder extender el evangelio. Esta explicación providencialista quedó descartada después de la Ilustración.

  3. Después se le otorgó la intención a la Historia, o el destino de los hombres (entes metafísicos) que tenían como finalidad el engrandecimiento del espíritu humano y que, por ello, era inevitable que se juntaran los dos mundos a partir del descubrimiento. Esta idea romántica fue desechada con el tiempo.

  4. Finalmente, como ya no se tenía la idea de que Cristóbal Colón, Dios, ni la Historia tenían la intención de que se “descubriera” América, la consecuencia lógica era otorgarle a la misma América la intencionalidad.

       Obviamente esta última consecuencia es absurda, como el mismo autor lo señala, y sobre ésta se basa para asegurar que la idea de “descubrimiento” no es viable como explicación del fenómeno histórico. Pero la piedra angular de todo este planteamiento [descubrimiento no es buena explicación histórica] no es tanto el descubrimiento mismo sino la intencionalidad que se requiere para que este se lleve a cabo.

       Para despejar mis dudas, busqué en un diccionario de términos filosóficos las palabras descubrimiento e invención. Esto fue lo que encontré:
Descubrimiento. Acción de descubrir una cosa oculta, ignorada, pero preexistente. La invención, por el contrario, tiene por objeto una cosa que no existe.
1. En cierto sentido, la invención tiene en la ciencia teórica el carácter de un descubrimiento, pero un descubrimiento en el mundo del espíritu
2. El carácter esencial del descubrimiento científico es que no se hace por encargo
3. El espíritu sólo hace el descubrimiento en el momento en que no está ocupado en nada

Invención. lat. inventio, acción de invenire(tropezar con alguien); hallar, descubrir.
Primitivamente: sinónimo de descubrir algo existente, pero no conocido
Hoy. Oposición de descubrir. Hallar algo gracias a la imaginación
14. Una hipótesis imaginada por un científico, es una invención pero una vez verificada por los hechos es un descubrimiento del lenguaje.

       En estas definiciones parece que la diferencia entre descubrir e inventar está en la existencia, más no la intencionalidad. Por el contrario, la tercera acotación de descubrimiento afirma que “sólo cuando el espíritu no está ocupado en nada”, es decir, no tiene objetivos ni intenciones,” es cuando puede realizar un descubrimiento”; por otra parte, de la segunda nota, podría entenderse que, si no hay encargo, entonces tampoco hay intención, aunque esto es una mera especulación de mi parte que además sólo se limita al ámbito científico.
       Otro punto que me confundió bastante es que, hasta donde tenía entendido, existir y ser en el lenguaje filosófico significan cosas diferentes. La existencia es la presencia de la materia cósmica en el universo mientras que el ser es lo que O’Gorman señala: cuando algo existente tiene significado otorgado por alguien.

       Entonces, siguiendo estos conceptos América no era, pero existía, no como América, sino como pedazo de materia cósmica sin ser. Y también debemos tener en cuenta que un objeto (incluidas las personas), a lo largo del tiempo, tiene diferentes seres, según lo que “alguien” le otorgue como ser, e incluso puede tener varios seres dependiendo de “las diferentes miradas” que tenga.

¿Ya están tan confundidos como yo? Pues todavía falta…


       En este punto queda claro que Colón no descubrió América porque América como construcción mental no existía, pero existía ese pedazo de materia cósmica, a la cual le fue otorgado, en 1492, un “falso” ser (si se quiere ver así), esto es, se consideró Asia. Pero ahora sabemos que no era Asia, entonces ¿Qué era el lugar a donde llegó Colón? Siguiendo los mismas ideas del señor O’Gorman ¿Podemos considerar a ese pedazo de materia cósmica, en 1492, como lo que Colón construyó mentalmente (Asia); lo que construyeron quienes le siguieron en tiempo (América); o una cosa sin ser (lo cual no es posible porque los humanos no asimilamos tales cosas)?

       Por otra parte, O’Gorman afirma que fue una equivocación haber explicado el fenómeno histórico como descubrimiento, y creo que con esto se refiere a que no puede ser descubrimiento de América en tanto que no existía como tal. Pero las ideas del momento indicaban que las cosas existían y eran tal cual independientemente de los seres humanos, y si las cosas obtienen ser a partir del propio sujeto, como el autor afirma, entonces es válido pensar que si aquellos personajes pensaban que América existía desde antes que ellos llegaran a ella, realmente el fenómeno y el ser de este fenómeno se explican perfectamente con el término de descubrimiento, aún considerando a la intencionalidad como necesaria.

       Además debemos agregar que en ese entonces la palabra descubrimiento cubría cabalmente lo que realizó Colón en 1492:

Descubrir:
1. Quitar la cubierta de una cosa
2. Hallar aquello que estaba ignorado o escondido hasta entonces
3. Averiguar alguna cosa
4. Revelar o manifestar algo que estaba secreto
5. Descubrir tierra

       Con esto sólo intento defender el uso de los vocablos por parte de los antiguos historiadores y cronistas, a los cuales critica el autor (aunque de manera benevolente).
       Reconozco que el planteamiento de Invención de América que hace don Edmundo O’Górman tiene bastante sentido y es válido, pero éste sólo se puede validar en nuestra época, en un momento en que las nociones adquiridas permiten adoptar una concepción semejante.